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La hora de la comida, ¿tortura o momento feliz?

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Me he animado a hacer este post ya que leo la angustia en los comentarios de muchas de las madres que llegais por aquí. Sé reconocer ese sentimiento y sé ponerme en vuestra piel porque yo he estado ahí. He igualmente tengo la convicción de que con el paso de los meses, como me pasó a mí, en muchos de los casos aprendereis a aceptar que vuestros hijos son así, tienen esta constitución y jamás se morirán del ansia por devorar un bocata de chorizo, aunque quizás un día sí se animen a probarlo poco a poco. O no, pero le gustarán otras cosas aunque sin las mismas ganas de otros niños…

Sobre todo, lo que hará la experiencia es que dejeis de ver las horas de la comida como una tortura. Y sí, muchas veces andareis detrás de ellos para que terminen el plato o llevareis la paciencia al límite, pero siempre debeis recordar que si vuestros hijos os ven pasar un rato como un mal trago, también lo será para ellos. Entonces, ¿por qué no hacer de la comida un momento de juego y alegría como otros?

Vivamos el momento de la comida como algo alegre, que apetezca no sólo por los alimentos. Acompañemos a nuestros pequeños comiendo a la vez con ellos. Algunas veces si ponía a mi hija a cenar antes, mientras yo iba haciendo más cosas, ella me miraba con cara de disgusto y decía: “Jo, es que yo no quiero estar sola…”. Y si lo piensas fríamente, tiene toda la razón: si hay algo que ya de por sí te gusta poco hacer (comer) y encima te dejan solo y sin ningún aliciente para que sea algo apetecible… ¿qué tiene pinta de que va a suceder? 

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Desde entonces procuramos comer juntos, o si no es posible, al menos alguno acompañarla a ella mientras para hablar de cosas juntos, mostrarle cosas que le gusten… hacer de éste un momento especial. Que por las buenas siempre tendreis más posibilidades de saliros con la vuestra, queridos padres, ya os lo digo yo… Y, por qué no, jugar. ¿Quién ha dicho que no se puede jugar en las comidas? Evidentemente, no era un niño. No se trata de destrozar la comida, me refiero a inventar juegos mientras comemos, convertir la mesa en un lugar agradable para ellos. ¿Verdad que tú disfrutas de una buena comida con una buena charla con amigos? Pues un niño NO. Porque un niño se aburre teniendo que permanecer sentado en el mismo sitio durante al menos media hora, comiendo cosas que no le gustan (o teme probar) y encima escuchando soporíferas conversaciones de mayores, que encima no entiende. Pero eso puede cambiar si empatizamos, trasladamos la charla a su nivel y hablamos de cosas que le gustan, comentamos los planes divertidos que tenemos a la vista (las próximas vacaciones, una visita al zoo o a los abuelos, la fiesta del cole, su mejor amigo…), hacemos formas divertidas con los trocitos de filete hasta que desaparecen del plato, barquitos de pan en la sopa que nos comemos… ¿y qué tal si lo hacemos en nuestro propio plato para que se sientan animados a imitar?

Comer juntos ya no sólo es buena idea por aquello de “tenerles disfraídos y acompañados”, sino porque además crecen considerablemente las opciones de que el pequeño “malcomedor” se anime a probar algún trocito de nuevos alimentos que no ha catado previamente y que encuentre en vuestros platos. 

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Hacerles partícipes en la elaboración de los platos o a la hora de poner la mesa si tienen edad para ello puede ser otro aliciente para que se encuentren más receptivos. Por pequeña que sea la tarea a realizar (acercaros los ingredientes, amasar con sus manitas, espolvorear la ensalada con trocitos de jamón…). Si aún son bebés igualmente les podemos ir enseñando cómo vamos haciendo la comida o sacando los platos para familiarizarles con ello mientras cantamos o les enumeramos los nombres de los alimentos en la mesa para que intenten repetirlos.

Otro consejo basado en mi experiencia: si les dais a probar nuevos alimentos, que no sientan que se lo estais imponiendo. Hay que actuar de manera sutil para que, en todo momento, crean que la idea de probarlo fue suya. Comentad entre vosotros lo exquisito que está ese plato nuevo, o resaltad por ejemplo el color o la forma: “fíjate, si es de mi color favorito”, “qué chulada, si parece que ha salido con forma de nube”. Si el pequeño sigue indiferente, podeis optar por ofrecérselo directamente, pero si dice que no, es preferible no insistir. Dentro de unos días podemos volver a intentarlo y quizás el resultado sea diferente… 
Básicamente, se trata de que los niños a los que les cuesta un poquito se sientan alegres e integrados en las comidas, dejen de verlas como un campo de batalla y pasen a disfrutarlas como un premio por poder compartir ese ratito junto a su familia. Y que, lejos de pensar que se les obliga a hacer algo que quieren, empiecen a sentir un deseo libre de probar nuevas cosas. En realidad, convencerles de algo que no querían hacer pero de una manera más inteligente, sana y menos beligerante para todos. 

Si os sirven estos consejos o teneis algunos de vuestra cosecha, no dejeis de compartírnoslo. Sobre todo, espero que pronto podais sentir esas comidas que ahora se os atragantan como un espacio más feliz para todos.

¿Merendamos?

Hora de la merienda en el cole. / freepik.es

Hora de la merienda en el cole. / freepik.es

La merienda es un clásico de los niños que muchos (erróneamente) eliminamos de nuestra dieta de adultos. Ahora sabemos, de los machacones consejos nutricionales que tanto bombo tienen ahora en la Red de redes, que, tanto pequeños como grandes, deberíamos hacer cinco comidas al día, aunque mucho más frugales.

Más comidas pero menos cantidad, y siempre mejor una fruta que un bollo industrial, por ejemplo. O una tostada integral con tomate que una tortita con nata… Hasta aquí bien la lógica. Ahora bien, ¿qué doy de merendar a mi hija de 20 meses? Aproximadamente a partir del año y medio (hay niños que varios meses antes y otros que después, como todo) muchos bebés empiezan a cansarse de los triturados. Descubren las texturas de las comidas (mucho antes si empezaron ya con Baby Led Weaning) y disfrutan cogiéndolas, llevándoselas a la boca y experimentando ya su primer uso de los tenedores. Las papillas les aburren, en resumen.

Yogur. / freepik.com

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En nuestro caso, como he explicado anteriormente, y para no privar a Paula de ningún nutriente ni caloría necesario, hemos hecho un paso gradual, que ella misma se ha marcado. Cuando empezaba a comer trocitos, pero no los suficientes para completar su dieta, le dábamos primero el puré/papilla hasta que quisiera, y a continuación un segundo plato con trocitos más tentadores.

Con la merienda, hemos pasado de la clásica papilla de frutas y yogur a algunas variaciones. Por ejemplo, un día puede tomar algo menos de papilla y después alguna fruta en trocitos y el yogur o un quesito. O bien, un día cambio y directamente le doy, en vez de papilla, alguna fruta en trocitos, un quesito y galletas. Lo ideal sería también poder variar y que algún día tomase un minisándwich de jamón de york o paté, nocilla, queso… como sus compis de la guardería. Y que bebiera leche o zumos, pero de momento sólo toma sorbos y juega. Los bocatitas aún no los tolera, pero se trata de intentar cada día con algo nuevo y, si no cuela, seguir con lo anterior y ya probaremos de nuevo más adelante… Es lo que os recomiendo también, porque puede que en unas semanas se decidan a probar algo que no pensabais y, si se lo ofrecéis libremente y sin agobios, veréis cómo funciona poco a poco.

Y vuestros peques, ¿qué meriendan? ¿Alguna sugerencia más?

¿La panacea del Pediasure?

pediasure

Lo prometido es deuda, y como hay muchas que me preguntáis por los complementos alimenticios, os hablaré del famoso Pediasure que anuncian en TV. ¿Es la panacea que promete? Mi experiencia por el momento es bastante escasa, pero os cuento un poco. Pediasure NO sustituye a ninguna comida ni es una medicación. Se trata de unos batidos que se pueden comprar líquidos o en polvo para disolver en casa con distintos sabores. En España los he visto de chocolate, fresa y vainilla. En Estados Unidos los vi también de plátano y algún sabor más que no recuerdo. Tampoco es mi intención hacer publicidad de ellos ahora, ¡que no me paga nadie! Sólo quiero contaros mi experiencia para los que queréis saber sobre esto, que sois unos cuantos.

No soy muy partidaria de alimentos ni complementos artificiales cuando un niño está sano, pero en la última revisión estábamos un poco estancados de peso y la pediatra nos recomendó probar un par de meses. Ella nos explicó que Pediasure en realidad es, básicamente, una bomba de calorías. Es decir, que aunque la niña esté perfecta de hierro, vitaminas y demás, si su metabolismo y su actividad quema casi tantas calorías como consume, pues no está de más probar con esto. En cualquier caso quiso que esperásemos a los 15 meses de la niña antes de darle nada de esto.

También me gustaría aclarar, ya que hay gente que lo piensa, que Pediasure NO incrementa el apetito. Si acaso sería al revés, al tratarse de un complemento hipercalórico. Aquí os pongo una muestra de las calorías que supone un vasito entero de la variedad en polvo:

Aporte de Pediasure en polvo

Aporte de Pediasure en polvo

De hecho, estuve leyendo en foros que muchas madres dejaban de dárselo a sus hijos porque, precisamente al tener tantas calorías, lo que hacía era saciarles y hacer que comieran menos después… Por suerte la pediatra no pretende que le demos un vasito ni medio al día, sino que incluyamos algún cacito en su comida cuando veamos que coma menos. ¡Porque yo ya estaba pensando en cómo darle un vaso entero encima de la comida a alguien que no come mucho!

En la propia web Pediasure.es os mandan por mail al registraros un libro de recetas para camuflarlo en postres cuando los niños van siendo mayorcitos, si os interesa a alguno.

La confusión de mucha gente con este producto reside en que sí hay vitaminas para fomentar el apetito, como Pantobamín, del que ya os hablé. Eso sí, es una medicina que ha de recetar el médico porque, además, actúa en el cerebro precisamente para crear la necesidad de apetito de modo artificial… así que es más delicado y para momentos un poco extremos.

Volvamos a Pediasure. El inicio fue un poco catastrófico, porque en la tienda sólo les quedaba de fresa, y al meterlo a la papilla, ¡cambiaba el sabor por completo! Así que lo que conseguimos fue que durante unos días no quisiera casi ni comer. Suspendimos aquello por unos días y luego probamos con la vainilla, más suave de camuflar en la comida. Lo que hago es ponerle un cacito a la fruta, que ni lo nota, y en las papillas de cereales sólo medio, para que no note mucho el sabor. Y poco a poco va funcionando, ya iré actualizando el post con resultados para contaros.