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¿La panacea del Pediasure?

pediasure

Lo prometido es deuda, y como hay muchas que me preguntáis por los complementos alimenticios, os hablaré del famoso Pediasure que anuncian en TV. ¿Es la panacea que promete? Mi experiencia por el momento es bastante escasa, pero os cuento un poco. Pediasure NO sustituye a ninguna comida ni es una medicación. Se trata de unos batidos que se pueden comprar líquidos o en polvo para disolver en casa con distintos sabores. En España los he visto de chocolate, fresa y vainilla. En Estados Unidos los vi también de plátano y algún sabor más que no recuerdo. Tampoco es mi intención hacer publicidad de ellos ahora, ¡que no me paga nadie! Sólo quiero contaros mi experiencia para los que queréis saber sobre esto, que sois unos cuantos.

No soy muy partidaria de alimentos ni complementos artificiales cuando un niño está sano, pero en la última revisión estábamos un poco estancados de peso y la pediatra nos recomendó probar un par de meses. Ella nos explicó que Pediasure en realidad es, básicamente, una bomba de calorías. Es decir, que aunque la niña esté perfecta de hierro, vitaminas y demás, si su metabolismo y su actividad quema casi tantas calorías como consume, pues no está de más probar con esto. En cualquier caso quiso que esperásemos a los 15 meses de la niña antes de darle nada de esto.

También me gustaría aclarar, ya que hay gente que lo piensa, que Pediasure NO incrementa el apetito. Si acaso sería al revés, al tratarse de un complemento hipercalórico. Aquí os pongo una muestra de las calorías que supone un vasito entero de la variedad en polvo:

Aporte de Pediasure en polvo

Aporte de Pediasure en polvo

De hecho, estuve leyendo en foros que muchas madres dejaban de dárselo a sus hijos porque, precisamente al tener tantas calorías, lo que hacía era saciarles y hacer que comieran menos después… Por suerte la pediatra no pretende que le demos un vasito ni medio al día, sino que incluyamos algún cacito en su comida cuando veamos que coma menos. ¡Porque yo ya estaba pensando en cómo darle un vaso entero encima de la comida a alguien que no come mucho!

En la propia web Pediasure.es os mandan por mail al registraros un libro de recetas para camuflarlo en postres cuando los niños van siendo mayorcitos, si os interesa a alguno.

La confusión de mucha gente con este producto reside en que sí hay vitaminas para fomentar el apetito, como Pantobamín, del que ya os hablé. Eso sí, es una medicina que ha de recetar el médico porque, además, actúa en el cerebro precisamente para crear la necesidad de apetito de modo artificial… así que es más delicado y para momentos un poco extremos.

Volvamos a Pediasure. El inicio fue un poco catastrófico, porque en la tienda sólo les quedaba de fresa, y al meterlo a la papilla, ¡cambiaba el sabor por completo! Así que lo que conseguimos fue que durante unos días no quisiera casi ni comer. Suspendimos aquello por unos días y luego probamos con la vainilla, más suave de camuflar en la comida. Lo que hago es ponerle un cacito a la fruta, que ni lo nota, y en las papillas de cereales sólo medio, para que no note mucho el sabor. Y poco a poco va funcionando, ya iré actualizando el post con resultados para contaros.

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¡Benditos Cantajuegos y benditos cacharritos!

Vajilla bebé Disney

Vajilla bebé Disney

Ya conté en alguna ocasión mi método en las comidas para no quemarnos mucho ni la peque ni yo. Os hablaba de darle en principio un juguetito y así poco a poco entretenerla hasta después ya poner un poco de dibujos y rematar faena.

Bien, pues ahora he descubierto el mejor juguete posible y son ¡vajilla y cubiertos! Y es que a Paula, aunque no le emocione comer, sí le chifla ¡jugar a que come! Y eso es un hallazgo y una alegría, porque jugando es como mejor puede aprender a comer. Así que os propongo este juego: mientras dais de comer a vuestros peques, darle para ellos un platito o cuenquito de plástico vacío junto con una cucharita, una tapa si es un túper y animarle a que coloque todo… En mi caso es sorprendente lo que le gusta: se lleva la cuchara vacía a la boca y a la mía después y repite: ñam ñam!!!

También sigo usando el método de, aunque continuamos con papillas, ir probando trocitos de distintas comidas como un juego igualmente. Le gusta y entretiene comer trocitos de pan, jamón serrano (ya sé que tiene mucha sal, pero es lo que hay…), salchichas…

Cuando se cansa del juego o empieza a parecerlo, pongo el Cantajuegos y eso ya sí que produce hipnotismo total. ¡Benito sea el Grupo Encanto! Jajaja. Y a vuestros peques, ¿les gusta también el Cantajuegos para comer o entretenerse durante el día?

Os dejo una de nuestras canciones favoritas:

 

Premiar por comer, ¿sí o no?

De nuevo un tema que me aconsejáis desde la blogosfera y que preocupa o es motivo de debate para muchos progenitores, preocupados por la alimentación de sus hijos: ¿debo premiar a mi hijo?

Aunque no es plato de gusto nunca mejor dicho) para muchos padres, algunos deciden premiar a los niños cuando comen bien para tratar de fomentar esta actitud, quizás ya cansados de tratar de buscar todo tipo de soluciones. Por suerte, son muchos menos ya los que deciden castigarlos si no comen bien. Pero, a lo que vamos, ¿es o no bueno premiar a los que comen bien?

Fuente: freepik.com

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Para empezar, esto puede ser válido a medida que el niño crece un poco y empieza a entender que una actitud tiene un tipo de consecuencias u otras. Partamos de cero e imaginemos que el niño está merendando regular tirando a mal, y entonces se nos ocurre: “¡Si te terminas esto, después te compro la peli que vimos el otro día, la que te gustó tanto!”

 

En este caso, es posible:

 A)     que el niño, motivado, decida terminarse el plato corriendo para comprarla.

B)      O bien que piense: “¿Y para qué esperar? ¡Vamos ya a por la peli! No quiero seguir comiendo”. Y se ponga de huelga hasta que le quites el plato.

En el caso B) está claro que habremos fracasado y a otra cosa, mariposa. Pero imaginemos ahora el caso A). ¡¡Se lo come todo enseguida!! Y te dan ganas de dar brincos hasta el techo porque has dado al fin con el arca perdida, con el oro de Moscú, con El Dorado. Perfecto y ¿ahora, qué? ¿Piensas darle un premio cada vez que haya que comer? ¿Buscar algo que le “motive”? Porque en ese caso, estamos comunicando de manera inconsciente al niño que la comida es algo negativo pero que hay que pasar para conseguir algo más divertido o positivo. ¡¡Nunca verá la comida como un fin, sino como un medio para llegar a algo!! Y siempre querrá que le proporciones un fin a cambio, porque los niños son muy buenos negociantes (¿alguien opina lo contrario?).

Mi opinión es que la clave está en encontrar el fin en la propia comida, no en algo externo. Y aunque a nuestro pequeño puede que nunca le entusiasme comer, quizás haciendo de ese rato algo agradable, divertido y donde comparte conversación y aprendizaje con sus padres, no le disgusta tanto.

Ya sé que es muy fácil por mi parte hablar de esto, más aún cuando mi peque aún no está en edad de “negociar”. ¿Quién me dice que de esta agua no beberé, al menos alguna vez? Solamente analizo lo que pienso y espero también vuestras opiniones. Aquí tenéis, además de algunos consejos generales, lo que piensa la Asociación Española de Pedriatría de Atención Primaria al respecto.

También os dejo la opinión del pediatra Carlos González, que conocéis muchos como autor del libro “Mi niño no me come” en una pregunta que le hicieron sobre este tema.

Y de un lado más internacional, las recomendaciones de la Sociedad Peruana de Pediatría.

Y ahora lo importante, ¿cuál es vuestra experiencia con los premios y qué opináis de esto? 😉

¿Qué hacer cuando llega una recaída?

Fuente: freepik.com

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Ojalá tuviera respuesta para todas las preguntas, pero los que estáis ahí leyendo sabéis que no es tan fácil. Después de una racha medianamente buena, cuando llega una mala de nuevo no es fácil sobreponerse.

Lo primero es preguntarte de nuevo (o por primera vez, si no lo has hecho antes) si es posible que exista algún problema de salud. Lo vimos en el post de posibles causas para que tu peque no coma. Si ya tienes detectado el problema, es posible que debas visitar al pediatra para que ajuste el tratamiento que ya tenía.

Pero en ocasiones, como a mí me ha sucedido, no hay un aparente motivo. En esos casos, toca darle la vuelta al coco a ver qué puede estar sucediendo para que de repente venga una mala racha:

1. Ahora mismo, puede ser la llegada del verano, que hace que todos en general tengamos menos hambre y más sed.

2. A veces un catarrillo o bronquitis pasajeros pueden afectar porque los moquillos, las flemas, la tos… no son en general buenos compañeros de los mal comedores, como es lógico.

3. El aburrimiento. Quizás a veces un pequeño cambio en la comida o probar con algo distinto consigue reparar un poco estos pequeños baches.

4. Una combinación de todo. Es el caso en que creo que nos encontramos ahora mismo. Las flemillas no ayudan, el aburrimiento tras varios meses comiendo lo mismo y el verano… Si algo he aprendido en estos días, y quizás os vale como consejo, es que cuando llegan estos bajones lo mejor es reducir un poquito las raciones. Más vale poco dentro que todo fuera, ¿no creéis? Así que, si la tónica ha de ser no forzar a nuestros peques, esto debe cumplirse mucho más en estos días.

¿Y tú? ¿Has tenido alguno de estos bajones pasajeros? Cuéntanos tu experiencia y consejos…

Qué hacer si no come (consejos de madre)

Evidentemente, y como escribo en el título, no soy una experta en el tema, pero sí madre, y como tal puedo aportar algunos consejillos y esperar los vuestros para poder completarlo. ¡Seguro que siempre hay algún truquillo que podáis aportar!

Una vez vistos los consejos de pediatra para niños que no comen, me parece apropiado dar una visión de mami para acercaros un poco a la experiencia del día a día, que probablemente os resultará más familiar. Por supuesto, ni mis consejos serán válidos para todos los niños (yo sólo los he aplicado con la mía) ni son los únicos posibles. ¡ A veces hay actitudes inesperadas! Y ya de paso os enlazo en el texto del post algunos vídeos de bebés que os harán reír 😉

  •  No presionar. Es fácil decirlo y no tanto hacerlo cuando tu bebé o tu niño está al límite del peso, pero debes pensar que, aunque forzar puede funcionar en una ocasión, hartará al niño a medio-largo plazo y terminará viendo la comida como un suplicio. Además, puede provocar incluso que termine vomitando lo que ha comido, con lo que todo el esfuerzo habría sido en vano.
  • Ponte cómod@. A tu niño no le entusiasma comer, de acuerdo. Pero como tampoco vas a presionarle, lo mejor es darle cuando tengas todo el tiempo del mundo y estar dispuest@ a sacar tu lado más paciente. Coge una silla a tu lado, háblale y hazle reír, que vea tu rostro relajado y no frustrado o preocupado. Las prisas no son buenas y ellos lo percibirán, así que si te urge hacer algo, hazlo antes aunque retrases un pelín su comida, y después siéntate tranquilamente para darle la comida.
  • Destierra los enfados. Una vez más, es más fácil decirlo que hacerlo, pero sabes que debe ser así. El niño, por más que pienses que no come para fastidiarte, no lo hace por eso. Ya hemos hablado en otro post de los posibles motivos para que no coma. A lo mejor le pasa algo o, simplemente, se siente saciado o quiere jugar como éste  y tienes que esperar un ratito con el resto del plato, recalentarlo un poquito o pasar al postre. ¡O tiene sueño como esta niña! Esto no quita que en algún momento perdamos los nervios, ¡somos humanos! Quizás puedes dar el relevo a otra persona o parar un momento a tranquilizarte antes de armarte de paciencia y seguir.
  • No le compares. No olvides nunca que no puedes comparar lo que come con el vecino, porque probablemente ni tengan la misma constitución ni historial. Ni mucho menos decírselo: “Mira cómo come Diego, y tú qué mal comes”. En cambio sí puedes, sin abusar, usar la actitud de otros para motivarle: “Mira cómo come Diego, qué hambre tiene”.
  • Si devuelve, ¿sigo dándole? Pues depende. Hay niños que devuelven por una flema, por un trozo de comida o algo distinto que no han podido evitar. Si percibes que ha sido así, prueba a seguir y según su actitud y si sigue con hambre, actúa en consecuencia. Obviamente, si devolvió porque no quería más, no es buena idea seguir forzando la situación.
  • ¿Hacemos avioncitos? Muchos padres se desesperan entreteniendo a sus hijos para que terminen comiendo 5, 6 ó 10 cucharadas más. ¡Sería divertido ver un vídeo con la de monerías que se pueden llegar a hacer! a lo mejor os identificáis con este padre. Normalmente, los expertos recomiendan no hacer nada de esto, pero mi experiencia me ha llevado a un término medio: como puede ser agotador comenzar por entretener al niño desde el principio, es mucho más fácil aprovechar el primer tirón en que el niño tiene hambre sin entretenimiento (sin tele, sin juguetes, sin monerías…). Simplemente una actitud calmada, silencio o voz muy suavecita pero hablando poco y sonrisas. En mi caso esto hace que la peque se centre ese ratito en la comida, y es un rato que te ahorras de desgaste. Es probable que, una vez saciado su primer impulso de hambre, centre su atención en una mosca o cualquier cosa que se cruce en su mirada. Es el momento de darle un juguetito (¡uno sólo!) de plástico o goma, que si lo mancha se lava fácil. Normalmente, lo cogerá con sus manitas y dejará que sigas dándole de comer un ratito más mientras se entretiene. Cuando se canse y lo tire, puedes limpiarlo y dejárselo de nuevo o bien ofrecerle otro diferente. Agotados estos recursos (y no antes) pasamos a la tele y los dibujos animados. Para entonces, ya habréis llegado a algo más de la mitad de su platito, así que ya habréis cubierto el mínimo. Por tanto, no hace falta desesperarse si no termina.
  • Evitar la sobreexcitación. ¿Por qué pongo arriba lo de la voz calmada, un estímulo detrás de otro en lugar de todos a la vez, etc.? Primero, para no agotar recursos desde el primer momento. Pero sobre todo, para no crear en el niño un estado de nerviosismo o excitación que nunca va a resultar positivo. Gritarle, aunque sea jugando, le hará querer moverse y jugar, ¡todo menos quedarse sentadito en una silla esperando venir una cuchara! Lo mismo sucederá si te pones a agitar un sonajero o cualquier objeto sin cesar.
  • ¿Espectáculo en vivo?  Sucede lo mismo que en el punto anterior. Si nos ponemos a cantar o bailar delante, querrá jugar y moverse también, o salir de allí. Ponte en su lugar: ¿Te ponen delante un concierto de tu grupo favorito y te quedas sentad@ tan tranquil@ comiendo bistec o saltas de la mesa y te unes a la fiesta? Podéis hacerlo si queréis al final de la comida o como colofón para celebrar lo bien que ha comido. Mejor aún si ponemos al hermanito mayor (si tiene) a hacer un videoclip delante, recurso que usáis muchas mamis y que además hará que el grande se sienta útil y divertido.
  • Celebra sus logros. No hace falta montar un fiestón, pero cada vez que termine el plato puedes enseñárselo vacío y aplaudir diciendo: “¡Bieeeen!” para que sepa que eso te hace estar muy feliz. Por el contrario, si no termina o termina devolviendo, tampoco hay que regañarle, sino simplemente recoger sin celebraciones y ya está. ¡Habrá más suerte la próxima!

¿Por qué mi niño no (me) come? Posibles causas

Fuente: Photl.com

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A veces la frustración por un niño que come poquito o deja de comer de pronto nace precisamente de no saber por qué lo hace. Aquí os dejo unos cuantos posibles motivos que pueden encajaros. Por supuesto, si conocéis alguna otra, estoy abierta a sugerencias para el post, como siempre. Las posibles causas:

Alergias y/o intolerancias: Son varias las que pueden afectar a los más pequeños y algunas de ellas se superan con el tiempo. Las más frecuentes son la Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca, a la que dedicamos ya un post; la intolerancia a la lactosa, que no hay que confundir con la anterior; la intolerancia al gluten o celiaquía; la intolerancia a la clara y/o la yema del huevo. Todas ellas han de ser diagnosticadas por un pediatra antes de lanzarse a eliminar alimentos de la dieta infantil.

Reflujo gástrico: Algunos bebés y niños pequeños pueden comer algo menos precisamente por las molestias que sienten cuando la comida les causa acidez y les vuelve por el mismo sitio (hablando en plata). En algunos casos se manifiesta con regurgitaciones o vómitos, pero en otros casos es más difícil de detectar porque el niño no llega a expulsar la comida, y sin embargo sigue sintiéndose muy incómodo. Tenéis algunas pistas de cómo se trata en este post.

Fuente: Photl.com

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Cambios de alimentación: Es frecuente que un cambio en la alimentación provoque un súbito descenso, que poco a poco se suele volver a recuperar. Sucede a menudo con la introducción de frutas y verduras o bien más adelante al pasar de papillas a trocitos. Por supuesto, lo mismo pasa al cambiar de lactancia materna a mixta o artificial. Es normal que de primeras no acepten nuevas texturas, nuevos sabores o distintas formas de alimentarse (pecho, tetina, cucharas…). A veces bastará con probar diferentes modos, otras se irán acostumbrando poquito a poco. En el peor de los casos, que no lo acepte en absoluto, siempre habrá algún alimento con similares propiedades que podamos ofrecerle antes de volver a intentarlo.

Cambios en la rutina: Los bebés y los niños no son ajenos a lo que sucede alrededor. Se sienten seguros en un entorno más o menos predecible (ahora toca desayuno, ahora baño, ahora jugamos…) y acusan los cambios probablemente más que los adultos. ¿Por qué? Naturalmente, porque ellos no entienden los motivos e incluso cuando dominen el lenguaje, no comprenderán todavía los razonamientos de los adultos. “Nos cambiamos de casa, ¿pero por qué, si aquí vivo bien?”. “Mamá se va a trabajar, ¿pero por qué, si estamos bien los dos en casa?”. “Mamá se va a un viaje de trabajo, pero ¿por qué tengo que dormir con los abuelos y no puedo irme también?”. Cuando nosotros estamos tristes, impactados por algo o enfermos no tenemos hambre, ¿verdad? Lo mismo les sucede a ellos.

Fuente: freepik.com

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Bebés prematuros: He hablado con algunas madres de niños prematuros y la mayoría suelen tener gran preocupación por el peso de sus pequeños. La realidad es que si un bebé nació prematuro, es de esperar que lo hizo con muy poco peso y no es coherente (aunque nunca lo es, pero en este caso menos) con otros niños nacidos a término en la misma fecha. Es decir, que no esperemos que con 3 meses use la talla 3 meses necesariamente, porque a lo mejor si hubiera nacido en la fecha inicialmente prevista tendría sólo un mes. En estos casos, se puede usar la tabla de percentil calculando una edad ficticia (con la que hubiera nacido) en lugar de la real. De este modo, podremos seguir su evolución y ver si sigue una línea de crecimiento normal.

 Manifestación de alguna molestia y/o enfermedad: Una simple salida de dientes puede provocar que durante unos días a tu bebé le apetezca comer menos. ¿A ti te apetece comer después de salir del dentista? Lo mismo sucederá si tiene alguna molestia pasajera (un resfriado, moquitos que le obstruyen…) o en el menor número de casos, pueden ser manifestación de alguna enfermedad. A veces relacionadas con la boquita, como la fisura del paladar, y en otras de molestias internas que detectará el pediatra después de descartar todas las otras posibilidades.

¿Te suena alguno de estos motivos? Comenta el post y cuéntanos tu caso.

¡Descartadas las intolerancias! Y ahora, ¿qué?

Bebé sonrientePor fin tuvimos los resultados de todas las pruebas de Paula. No es celíaca, no tiene intolerancia a la leche ni al huevo. Ni siquiera anemia. ¡Es una niña sana! Así que estamos muy felices. Ha engordado unos 600 gramos en dos semanas, que a esta edad está fenomenal, está requetecontenta, gateando, riendo, etc. Igual algunos os habéis encontrado en la misma situación y habéis pensado: entonces, ¿qué hago para que coma?

Si tenéis un niño perfectamente sano, ¿qué vais a hacer? ¡Pues disfrutarlo! El pediatra de digestivo nos comentó que muchas veces, los pequeñines con los sistemas digestivos más inmaduros tienen un reflujo que es lo que impide que puedan comer a gusto del todo. Y esto, aunque se trata y disminuye con Motilium y Ranitidina normalmente (¡bajo prescripción médica siempre!), simplemente desaparecerá cuando maduren del todo. Algo que podrá variar en función de cada niño, pero que normalmente les sucederá a partir del año o año y pico.

En caso de reflujos o regurgitaciones, muchos os habréis planteado usar las leches especiales para estos casos, AR (antirreflujo), que tienen diferentes marcas. Os advierto sobre esto: siempre recomiendan que las mande el propio pediatra y esto es, si leéis la letra pequeña de la propia caja, porque estas leches tienen déficit de hierro y podría ser recomendable suplementarlas con vitaminas.

Paula toma leche Digest en las papillas, y sólo los días que regurgita más, pongo 60% de leche Digest y 40% de AR (por ejemplo, 4 cacitos de una y 3 de la otra). Es una solución posible. Además que una papilla entera con leche AR sería lo más parecido al cemento que habéis visto, ¡incomible! Porque es de lo que se trata, de solidificar los alimentos para que no haya manera de echarlos.

¿Algún caso de reflujo que queráis contarnos?