Archivos Mensuales: mayo 2014

Qué hacer si no come (consejos de madre)

Evidentemente, y como escribo en el título, no soy una experta en el tema, pero sí madre, y como tal puedo aportar algunos consejillos y esperar los vuestros para poder completarlo. ¡Seguro que siempre hay algún truquillo que podáis aportar!

Una vez vistos los consejos de pediatra para niños que no comen, me parece apropiado dar una visión de mami para acercaros un poco a la experiencia del día a día, que probablemente os resultará más familiar. Por supuesto, ni mis consejos serán válidos para todos los niños (yo sólo los he aplicado con la mía) ni son los únicos posibles. ¡ A veces hay actitudes inesperadas! Y ya de paso os enlazo en el texto del post algunos vídeos de bebés que os harán reír 😉

  •  No presionar. Es fácil decirlo y no tanto hacerlo cuando tu bebé o tu niño está al límite del peso, pero debes pensar que, aunque forzar puede funcionar en una ocasión, hartará al niño a medio-largo plazo y terminará viendo la comida como un suplicio. Además, puede provocar incluso que termine vomitando lo que ha comido, con lo que todo el esfuerzo habría sido en vano.
  • Ponte cómod@. A tu niño no le entusiasma comer, de acuerdo. Pero como tampoco vas a presionarle, lo mejor es darle cuando tengas todo el tiempo del mundo y estar dispuest@ a sacar tu lado más paciente. Coge una silla a tu lado, háblale y hazle reír, que vea tu rostro relajado y no frustrado o preocupado. Las prisas no son buenas y ellos lo percibirán, así que si te urge hacer algo, hazlo antes aunque retrases un pelín su comida, y después siéntate tranquilamente para darle la comida.
  • Destierra los enfados. Una vez más, es más fácil decirlo que hacerlo, pero sabes que debe ser así. El niño, por más que pienses que no come para fastidiarte, no lo hace por eso. Ya hemos hablado en otro post de los posibles motivos para que no coma. A lo mejor le pasa algo o, simplemente, se siente saciado o quiere jugar como éste  y tienes que esperar un ratito con el resto del plato, recalentarlo un poquito o pasar al postre. ¡O tiene sueño como esta niña! Esto no quita que en algún momento perdamos los nervios, ¡somos humanos! Quizás puedes dar el relevo a otra persona o parar un momento a tranquilizarte antes de armarte de paciencia y seguir.
  • No le compares. No olvides nunca que no puedes comparar lo que come con el vecino, porque probablemente ni tengan la misma constitución ni historial. Ni mucho menos decírselo: “Mira cómo come Diego, y tú qué mal comes”. En cambio sí puedes, sin abusar, usar la actitud de otros para motivarle: “Mira cómo come Diego, qué hambre tiene”.
  • Si devuelve, ¿sigo dándole? Pues depende. Hay niños que devuelven por una flema, por un trozo de comida o algo distinto que no han podido evitar. Si percibes que ha sido así, prueba a seguir y según su actitud y si sigue con hambre, actúa en consecuencia. Obviamente, si devolvió porque no quería más, no es buena idea seguir forzando la situación.
  • ¿Hacemos avioncitos? Muchos padres se desesperan entreteniendo a sus hijos para que terminen comiendo 5, 6 ó 10 cucharadas más. ¡Sería divertido ver un vídeo con la de monerías que se pueden llegar a hacer! a lo mejor os identificáis con este padre. Normalmente, los expertos recomiendan no hacer nada de esto, pero mi experiencia me ha llevado a un término medio: como puede ser agotador comenzar por entretener al niño desde el principio, es mucho más fácil aprovechar el primer tirón en que el niño tiene hambre sin entretenimiento (sin tele, sin juguetes, sin monerías…). Simplemente una actitud calmada, silencio o voz muy suavecita pero hablando poco y sonrisas. En mi caso esto hace que la peque se centre ese ratito en la comida, y es un rato que te ahorras de desgaste. Es probable que, una vez saciado su primer impulso de hambre, centre su atención en una mosca o cualquier cosa que se cruce en su mirada. Es el momento de darle un juguetito (¡uno sólo!) de plástico o goma, que si lo mancha se lava fácil. Normalmente, lo cogerá con sus manitas y dejará que sigas dándole de comer un ratito más mientras se entretiene. Cuando se canse y lo tire, puedes limpiarlo y dejárselo de nuevo o bien ofrecerle otro diferente. Agotados estos recursos (y no antes) pasamos a la tele y los dibujos animados. Para entonces, ya habréis llegado a algo más de la mitad de su platito, así que ya habréis cubierto el mínimo. Por tanto, no hace falta desesperarse si no termina.
  • Evitar la sobreexcitación. ¿Por qué pongo arriba lo de la voz calmada, un estímulo detrás de otro en lugar de todos a la vez, etc.? Primero, para no agotar recursos desde el primer momento. Pero sobre todo, para no crear en el niño un estado de nerviosismo o excitación que nunca va a resultar positivo. Gritarle, aunque sea jugando, le hará querer moverse y jugar, ¡todo menos quedarse sentadito en una silla esperando venir una cuchara! Lo mismo sucederá si te pones a agitar un sonajero o cualquier objeto sin cesar.
  • ¿Espectáculo en vivo?  Sucede lo mismo que en el punto anterior. Si nos ponemos a cantar o bailar delante, querrá jugar y moverse también, o salir de allí. Ponte en su lugar: ¿Te ponen delante un concierto de tu grupo favorito y te quedas sentad@ tan tranquil@ comiendo bistec o saltas de la mesa y te unes a la fiesta? Podéis hacerlo si queréis al final de la comida o como colofón para celebrar lo bien que ha comido. Mejor aún si ponemos al hermanito mayor (si tiene) a hacer un videoclip delante, recurso que usáis muchas mamis y que además hará que el grande se sienta útil y divertido.
  • Celebra sus logros. No hace falta montar un fiestón, pero cada vez que termine el plato puedes enseñárselo vacío y aplaudir diciendo: “¡Bieeeen!” para que sepa que eso te hace estar muy feliz. Por el contrario, si no termina o termina devolviendo, tampoco hay que regañarle, sino simplemente recoger sin celebraciones y ya está. ¡Habrá más suerte la próxima!
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¿Por qué mi niño no (me) come? Posibles causas

Fuente: Photl.com

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A veces la frustración por un niño que come poquito o deja de comer de pronto nace precisamente de no saber por qué lo hace. Aquí os dejo unos cuantos posibles motivos que pueden encajaros. Por supuesto, si conocéis alguna otra, estoy abierta a sugerencias para el post, como siempre. Las posibles causas:

Alergias y/o intolerancias: Son varias las que pueden afectar a los más pequeños y algunas de ellas se superan con el tiempo. Las más frecuentes son la Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca, a la que dedicamos ya un post; la intolerancia a la lactosa, que no hay que confundir con la anterior; la intolerancia al gluten o celiaquía; la intolerancia a la clara y/o la yema del huevo. Todas ellas han de ser diagnosticadas por un pediatra antes de lanzarse a eliminar alimentos de la dieta infantil.

Reflujo gástrico: Algunos bebés y niños pequeños pueden comer algo menos precisamente por las molestias que sienten cuando la comida les causa acidez y les vuelve por el mismo sitio (hablando en plata). En algunos casos se manifiesta con regurgitaciones o vómitos, pero en otros casos es más difícil de detectar porque el niño no llega a expulsar la comida, y sin embargo sigue sintiéndose muy incómodo. Tenéis algunas pistas de cómo se trata en este post.

Fuente: Photl.com

Fuente: Photl.com

Cambios de alimentación: Es frecuente que un cambio en la alimentación provoque un súbito descenso, que poco a poco se suele volver a recuperar. Sucede a menudo con la introducción de frutas y verduras o bien más adelante al pasar de papillas a trocitos. Por supuesto, lo mismo pasa al cambiar de lactancia materna a mixta o artificial. Es normal que de primeras no acepten nuevas texturas, nuevos sabores o distintas formas de alimentarse (pecho, tetina, cucharas…). A veces bastará con probar diferentes modos, otras se irán acostumbrando poquito a poco. En el peor de los casos, que no lo acepte en absoluto, siempre habrá algún alimento con similares propiedades que podamos ofrecerle antes de volver a intentarlo.

Cambios en la rutina: Los bebés y los niños no son ajenos a lo que sucede alrededor. Se sienten seguros en un entorno más o menos predecible (ahora toca desayuno, ahora baño, ahora jugamos…) y acusan los cambios probablemente más que los adultos. ¿Por qué? Naturalmente, porque ellos no entienden los motivos e incluso cuando dominen el lenguaje, no comprenderán todavía los razonamientos de los adultos. “Nos cambiamos de casa, ¿pero por qué, si aquí vivo bien?”. “Mamá se va a trabajar, ¿pero por qué, si estamos bien los dos en casa?”. “Mamá se va a un viaje de trabajo, pero ¿por qué tengo que dormir con los abuelos y no puedo irme también?”. Cuando nosotros estamos tristes, impactados por algo o enfermos no tenemos hambre, ¿verdad? Lo mismo les sucede a ellos.

Fuente: freepik.com

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Bebés prematuros: He hablado con algunas madres de niños prematuros y la mayoría suelen tener gran preocupación por el peso de sus pequeños. La realidad es que si un bebé nació prematuro, es de esperar que lo hizo con muy poco peso y no es coherente (aunque nunca lo es, pero en este caso menos) con otros niños nacidos a término en la misma fecha. Es decir, que no esperemos que con 3 meses use la talla 3 meses necesariamente, porque a lo mejor si hubiera nacido en la fecha inicialmente prevista tendría sólo un mes. En estos casos, se puede usar la tabla de percentil calculando una edad ficticia (con la que hubiera nacido) en lugar de la real. De este modo, podremos seguir su evolución y ver si sigue una línea de crecimiento normal.

 Manifestación de alguna molestia y/o enfermedad: Una simple salida de dientes puede provocar que durante unos días a tu bebé le apetezca comer menos. ¿A ti te apetece comer después de salir del dentista? Lo mismo sucederá si tiene alguna molestia pasajera (un resfriado, moquitos que le obstruyen…) o en el menor número de casos, pueden ser manifestación de alguna enfermedad. A veces relacionadas con la boquita, como la fisura del paladar, y en otras de molestias internas que detectará el pediatra después de descartar todas las otras posibilidades.

¿Te suena alguno de estos motivos? Comenta el post y cuéntanos tu caso.

¡Descartadas las intolerancias! Y ahora, ¿qué?

Bebé sonrientePor fin tuvimos los resultados de todas las pruebas de Paula. No es celíaca, no tiene intolerancia a la leche ni al huevo. Ni siquiera anemia. ¡Es una niña sana! Así que estamos muy felices. Ha engordado unos 600 gramos en dos semanas, que a esta edad está fenomenal, está requetecontenta, gateando, riendo, etc. Igual algunos os habéis encontrado en la misma situación y habéis pensado: entonces, ¿qué hago para que coma?

Si tenéis un niño perfectamente sano, ¿qué vais a hacer? ¡Pues disfrutarlo! El pediatra de digestivo nos comentó que muchas veces, los pequeñines con los sistemas digestivos más inmaduros tienen un reflujo que es lo que impide que puedan comer a gusto del todo. Y esto, aunque se trata y disminuye con Motilium y Ranitidina normalmente (¡bajo prescripción médica siempre!), simplemente desaparecerá cuando maduren del todo. Algo que podrá variar en función de cada niño, pero que normalmente les sucederá a partir del año o año y pico.

En caso de reflujos o regurgitaciones, muchos os habréis planteado usar las leches especiales para estos casos, AR (antirreflujo), que tienen diferentes marcas. Os advierto sobre esto: siempre recomiendan que las mande el propio pediatra y esto es, si leéis la letra pequeña de la propia caja, porque estas leches tienen déficit de hierro y podría ser recomendable suplementarlas con vitaminas.

Paula toma leche Digest en las papillas, y sólo los días que regurgita más, pongo 60% de leche Digest y 40% de AR (por ejemplo, 4 cacitos de una y 3 de la otra). Es una solución posible. Además que una papilla entera con leche AR sería lo más parecido al cemento que habéis visto, ¡incomible! Porque es de lo que se trata, de solidificar los alimentos para que no haya manera de echarlos.

¿Algún caso de reflujo que queráis contarnos?

¿Tiene mi niño alergia a la leche de vaca?

Fuente: freepik.com

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Muchos de los niños “bajitos de peso” pasarán por pruebas médicas para saber si los motivos residen en algún tipo de alergia o intolerancia. Hoy vamos a hablar de la Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV). Para empezar, la distinguiremos de la intolerancia a la lactosa, menos habitual en los bebés pero que sí tienen bastantes niños y adultos.

¿Cuáles son los síntomas de la APLV a los que hay que estar atentos?

Bajo peso, trastornos digestivos y/o cólicos, diarreas o heces blandas, en ocasiones con algo de sangre… y también eccemas en la piel (normalmente con aspecto de ronchas) y/o problemas respiratorios. Es importante saber que estos síntomas pueden aparecer de golpe o bien paulatinamente. En cualquier caso, habrá que consultar al pediatra y hacer las pruebas pertinentes, si así lo considera.

¿Qué pruebas diagnósticas hay que hacer?

Fuente: freepik.com

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Para un diagnóstico de APLV, se necesita el contraste entre distintas pruebas, no basta con una sola. Los análisis de sangre determinarán si el bebé o niño tiene anticuerpos hacia la leche de vaca a través de los niveles de Inmunoglobulia g específica sérica.   Es decir, si ha desarrollado defensas que le hacen propenso a un rechazo hacia la leche (que me corrija algún pediatra pero yo lo explico así en cristiano).

La prueba cutánea o “test de prick” se hace poco después de que el bebé haya consumido la leche, para provocar una reacción en su piel. Aun así, es difícil determinarlo por completo, ya que hay falsos negativos y positivos…

¿Hay que tratarlo tanto con lactancia materna como artificial?

Sí. En el caso de las leches artificiales, el pediatra prescribirá al bebé una que esté completamente hidrolizada. En el caso de la lactancia materna, la proteína se transmite a través de la leche de vaca que consume la madre. Así es que ésta deberá dejar de consumir leche de vaca, así como productos derivados. La mayor dificultad para la madre residirá precisamente en seleccionar productos en su alimentación que no contengan leche, para lo que quizás pueda ayudarle un nutricionista. He aquí el testimonio de una mami que puede ayudaros a muchas.

¿Mi hijo será alérgico para toda la vida?

Normalmente, no. Esta alergia suele desaparecer entre los 12 y los 24 meses de edad. Es entonces cuando (siempre bajo recomendación pediátrica) se irá introduciendo poco a poco la leche de vaca para observar que, efectivamente, ha desaparecido.

Sus primeras legumbres (10 meses)

Puré de legumbres para bebé

Este viernes probamos con las primeras legumbres de Paula. Espero que os sirva la receta. Hemos empezado con los garbanzos, así que hicimos este cocido ligero.

Si leéis la receta de mi otro blog, Chef Principiante, veréis que hice primero un cocidito muy suave para ella y después añadí la sal y demás condimentos para los adultos.

Ingredientes para puré de legumbresPara ella aparté un poquito de todo: garbanzos, zanahoria, patata, puerro, fideos, caldo y un trocito de pollo, le añadí una cucharada de aceite de oliva y lo pasé por la batidora. El día que toque yema de huevo (toma media dos veces por semana) se la puedo añadir también, y listo. Paula casi se lo terminó todo. Yo imagino que llena mucho más que el puré de verduras, así que en realidad se metió un buen platito. ¡A ver si les gusta a vuestros peques!