Archivo de la etiqueta: alimentación infantil

La hora de la comida, ¿tortura o momento feliz?

Created by Pressfoto – Freepik.com

Me he animado a hacer este post ya que leo la angustia en los comentarios de muchas de las madres que llegais por aquí. Sé reconocer ese sentimiento y sé ponerme en vuestra piel porque yo he estado ahí. He igualmente tengo la convicción de que con el paso de los meses, como me pasó a mí, en muchos de los casos aprendereis a aceptar que vuestros hijos son así, tienen esta constitución y jamás se morirán del ansia por devorar un bocata de chorizo, aunque quizás un día sí se animen a probarlo poco a poco. O no, pero le gustarán otras cosas aunque sin las mismas ganas de otros niños…

Sobre todo, lo que hará la experiencia es que dejeis de ver las horas de la comida como una tortura. Y sí, muchas veces andareis detrás de ellos para que terminen el plato o llevareis la paciencia al límite, pero siempre debeis recordar que si vuestros hijos os ven pasar un rato como un mal trago, también lo será para ellos. Entonces, ¿por qué no hacer de la comida un momento de juego y alegría como otros?

Vivamos el momento de la comida como algo alegre, que apetezca no sólo por los alimentos. Acompañemos a nuestros pequeños comiendo a la vez con ellos. Algunas veces si ponía a mi hija a cenar antes, mientras yo iba haciendo más cosas, ella me miraba con cara de disgusto y decía: “Jo, es que yo no quiero estar sola…”. Y si lo piensas fríamente, tiene toda la razón: si hay algo que ya de por sí te gusta poco hacer (comer) y encima te dejan solo y sin ningún aliciente para que sea algo apetecible… ¿qué tiene pinta de que va a suceder? 

Created by Yanalya – Freepik.com

Desde entonces procuramos comer juntos, o si no es posible, al menos alguno acompañarla a ella mientras para hablar de cosas juntos, mostrarle cosas que le gusten… hacer de éste un momento especial. Que por las buenas siempre tendreis más posibilidades de saliros con la vuestra, queridos padres, ya os lo digo yo… Y, por qué no, jugar. ¿Quién ha dicho que no se puede jugar en las comidas? Evidentemente, no era un niño. No se trata de destrozar la comida, me refiero a inventar juegos mientras comemos, convertir la mesa en un lugar agradable para ellos. ¿Verdad que tú disfrutas de una buena comida con una buena charla con amigos? Pues un niño NO. Porque un niño se aburre teniendo que permanecer sentado en el mismo sitio durante al menos media hora, comiendo cosas que no le gustan (o teme probar) y encima escuchando soporíferas conversaciones de mayores, que encima no entiende. Pero eso puede cambiar si empatizamos, trasladamos la charla a su nivel y hablamos de cosas que le gustan, comentamos los planes divertidos que tenemos a la vista (las próximas vacaciones, una visita al zoo o a los abuelos, la fiesta del cole, su mejor amigo…), hacemos formas divertidas con los trocitos de filete hasta que desaparecen del plato, barquitos de pan en la sopa que nos comemos… ¿y qué tal si lo hacemos en nuestro propio plato para que se sientan animados a imitar?

Comer juntos ya no sólo es buena idea por aquello de “tenerles disfraídos y acompañados”, sino porque además crecen considerablemente las opciones de que el pequeño “malcomedor” se anime a probar algún trocito de nuevos alimentos que no ha catado previamente y que encuentre en vuestros platos. 

Created by Teksomolika – Freepik.com

Hacerles partícipes en la elaboración de los platos o a la hora de poner la mesa si tienen edad para ello puede ser otro aliciente para que se encuentren más receptivos. Por pequeña que sea la tarea a realizar (acercaros los ingredientes, amasar con sus manitas, espolvorear la ensalada con trocitos de jamón…). Si aún son bebés igualmente les podemos ir enseñando cómo vamos haciendo la comida o sacando los platos para familiarizarles con ello mientras cantamos o les enumeramos los nombres de los alimentos en la mesa para que intenten repetirlos.

Otro consejo basado en mi experiencia: si les dais a probar nuevos alimentos, que no sientan que se lo estais imponiendo. Hay que actuar de manera sutil para que, en todo momento, crean que la idea de probarlo fue suya. Comentad entre vosotros lo exquisito que está ese plato nuevo, o resaltad por ejemplo el color o la forma: “fíjate, si es de mi color favorito”, “qué chulada, si parece que ha salido con forma de nube”. Si el pequeño sigue indiferente, podeis optar por ofrecérselo directamente, pero si dice que no, es preferible no insistir. Dentro de unos días podemos volver a intentarlo y quizás el resultado sea diferente… 
Básicamente, se trata de que los niños a los que les cuesta un poquito se sientan alegres e integrados en las comidas, dejen de verlas como un campo de batalla y pasen a disfrutarlas como un premio por poder compartir ese ratito junto a su familia. Y que, lejos de pensar que se les obliga a hacer algo que quieren, empiecen a sentir un deseo libre de probar nuevas cosas. En realidad, convencerles de algo que no querían hacer pero de una manera más inteligente, sana y menos beligerante para todos. 

Si os sirven estos consejos o teneis algunos de vuestra cosecha, no dejeis de compartírnoslo. Sobre todo, espero que pronto podais sentir esas comidas que ahora se os atragantan como un espacio más feliz para todos.

Anuncios

Mi hijo no toma leche, ¿qué hago?

Leche en diferentes envases. / Fuente:  freepik.es

Leche en diferentes envases. / Fuente: freepik.es

Si dejamos de lado a aquellos niños que, por temas de intolerancia o alergias no toman lácteos, aun así hay muchos pequeños que se resisten con la leche. Unos, acostumbrados a la teta de mami, nunca llegan a enganchar el biberón, y pasa un tiempo hasta que no se animan con el vasito. Al menos, con un buen vasito y no sólo sorbitos. Otros, simplemente nunca fueron de tomar mucha leche y pasaron directos a las papillas…

Por ejemplo, en nuestro caso fue un cúmulo de todo esto. Paula pasó directa de pecho a cuchara y ahora no quiere en un vaso nada que no sea agua. ¿Qué se puede hacer en estos casos?

Sois muchas las que me escribís angustiadas porque vuestro pequeño no llega a los famosos 500 mililitros diarios de leche. Esta es la cifra aproximada que dan los pediatras para bebés lactantes (obviamente los que toman biberón, ya que con lactancia materna es simplemente a demanda).

Dependiendo de la edad de vuestros hijos, las necesidades de lácteos irán variando, así que lamento no poder generalizar sobre el tema. Además, dependiendo de su necesidad de proteínas, será mejor un tipo u otro de leche (a partir del año, entera si apenas toma proteínas en su dieta y de crecimiento si ya excede en el consumo de este tipo de alimentos).

Os dejo este artículo de la Asociación Española de Pediatría sobre la cantidad de leche necesaria para un niño y a continuación os especifico un poco más ordenadito con cositas que os he encontrado y mis propios consejos.


Necesidades de leche por edades del niño:

Si tu pequeño es lactante y toma biberones, pero poca cantidad, a partir de los seis meses (bajo recomendación del pediatra) podrás empezar a darle papillas de cereales. Lo ideal es que, si una no funciona, vayas probando diferentes sabores y marcas… ¡ya verás cómo pronto das con sus gustos! También entonces podrás empezar a experimentar con la fruta e incluir en estas papillas de merienda un poquito de leche. Prueba con los yogures de inicio (Mi Primer Danone y Iogolino son los más conocidos). Al estar hechos con leche de continuación, no tienen el mejor sabor, pero a algunos pequeños les gustan.

Un niño comiendo un quesito. / Foto: freepik.com

Un niño comiendo un quesito. / Foto: freepik.com

Sobre los 10-12 meses, cuando empiece a tomar leche de vaca, podrás probar también con quesitos (los clásicos tipo El Caserío, o bien los redonditos de Babybel). También puedes intentar, si va tolerando los trocitos, a darle queso de sándwich (del de lonchas) en pequeños cachitos.

A partir del año, y sobre todo de los 18 meses, tu bebé ya podrá tomar prácticamente de todo. Y puedes “colarle” lácteos en un sinfín de platos. Ejemplos:

– No olvides añadir a sus purés quesitos o leche.

– También puedes hacer su tortilla (tanto francesa como española) con jamón y queso. O queso y verduritas, y ya matas dos pájaros de un tiro si no las come muy bien.

– Lo mismo en el relleno de las croquetas.

– ¡Prueba con San Jacobos! Y escalopes con queso, etc. Congelados venden muchos, pero si te animas a hacerlos tú, ¡tampoco es nada difícil!

– Cuando empiece a tomar pasta, no olvides añadirle un toque de queso y, si ves que le gusta, poner otra pizquita más la próxima vez.

– Poco a poco irá tomándo sándwiches. No te desanimes si desecha la primera vez que le dés jamón y queso. Hay muchos tipos de queso y quizás no le guste el tierno, ¡pero adore el semicurado! Si es bajo en sal, mejor que mejor, eso sí.

– Si compras salchichas o hamburguesas (sí, lo sé, no es sanísimo de la muerte, pero qué es carne blandita, ideal para los primeros dientes) mejor relleno de queso.


Y como, aun así, muchas no se quedarán tranquilas, porque con los lácteos sólidos aún no saben si su hijo llega a la cantidad mínima suficiente, os he confeccionado una lista muy práctica:

Equivalencias de lácteos y sus cantidades de leche:

1 vaso de leche ⇒  250 ml de leche (mitad de calcio necesario al día)

1 yogur ⇒ 125 ml de leche (como medio vaso de leche)

50 gr. de queso semigraso ⇒ 250 ml de leche (son dos lonchas y media aprox)

100 gr. de queso fresco ⇒ 250 ml de leche

2 quesitos ⇒ 250 ml de leche

Si quieres saber más, te dejo este completo artículo sobre cantidades de leche y sus derivados.


Seguro que ahora, papá o mamá, te has quedado mucho más tranquilo porque habrás visto que tu hijo sí come algo de todo esto. Pero ¿y si no es así y realmente odia todos (o casi todos) los lácteos? Bien, pues hay otro tipo de alimentos que pueden aportarle mucho calcio:

Verduras verdes como las espinacas, el brécol y las judías verdes.

Calamares.

Pescados como el gallo y las sardinas.

Yema de huevo.

Legumbres.

Higos secos.

¡El perejil! Añádelo a tus platos

Otra tabla de alimentos y sus cantidades de calcio.

¿A que ya sí te has quedado más tranquil@? Si no es así, entonces tienes que lo que te tiene que contar la doctora Amelia Arce al respecto 😉

¿Merendamos?

Hora de la merienda en el cole. / freepik.es

Hora de la merienda en el cole. / freepik.es

La merienda es un clásico de los niños que muchos (erróneamente) eliminamos de nuestra dieta de adultos. Ahora sabemos, de los machacones consejos nutricionales que tanto bombo tienen ahora en la Red de redes, que, tanto pequeños como grandes, deberíamos hacer cinco comidas al día, aunque mucho más frugales.

Más comidas pero menos cantidad, y siempre mejor una fruta que un bollo industrial, por ejemplo. O una tostada integral con tomate que una tortita con nata… Hasta aquí bien la lógica. Ahora bien, ¿qué doy de merendar a mi hija de 20 meses? Aproximadamente a partir del año y medio (hay niños que varios meses antes y otros que después, como todo) muchos bebés empiezan a cansarse de los triturados. Descubren las texturas de las comidas (mucho antes si empezaron ya con Baby Led Weaning) y disfrutan cogiéndolas, llevándoselas a la boca y experimentando ya su primer uso de los tenedores. Las papillas les aburren, en resumen.

Yogur. / freepik.com

Yogur. / freepik.com

En nuestro caso, como he explicado anteriormente, y para no privar a Paula de ningún nutriente ni caloría necesario, hemos hecho un paso gradual, que ella misma se ha marcado. Cuando empezaba a comer trocitos, pero no los suficientes para completar su dieta, le dábamos primero el puré/papilla hasta que quisiera, y a continuación un segundo plato con trocitos más tentadores.

Con la merienda, hemos pasado de la clásica papilla de frutas y yogur a algunas variaciones. Por ejemplo, un día puede tomar algo menos de papilla y después alguna fruta en trocitos y el yogur o un quesito. O bien, un día cambio y directamente le doy, en vez de papilla, alguna fruta en trocitos, un quesito y galletas. Lo ideal sería también poder variar y que algún día tomase un minisándwich de jamón de york o paté, nocilla, queso… como sus compis de la guardería. Y que bebiera leche o zumos, pero de momento sólo toma sorbos y juega. Los bocatitas aún no los tolera, pero se trata de intentar cada día con algo nuevo y, si no cuela, seguir con lo anterior y ya probaremos de nuevo más adelante… Es lo que os recomiendo también, porque puede que en unas semanas se decidan a probar algo que no pensabais y, si se lo ofrecéis libremente y sin agobios, veréis cómo funciona poco a poco.

Y vuestros peques, ¿qué meriendan? ¿Alguna sugerencia más?

La alimentación infantil en verano

Fuente: Photl.com

Fuente: Photl.com

¿Es bueno el verano para la alimentación infantil? Pues ni bueno ni malo, pero como todas las temporadas, tiene unos beneficios que conviene exprimir al máximo. Por un lado, es probable que el calor haga que los niños (como los adultos) tengan menos apetito. Sin embargo, hay que destacar que el verano es una estación propicia para realizar un montón de actividades al aire libre y salir mucho más, así que en realidad esto se equilibra. Más aún con actividades acuáticas: ya habremos oído tropecientas mil veces a las abuelas aquello de que nadar da mucho hambre, ¿y acaso había algo más rico que el bocata que nos preparaban recién salido de la piscina, aún secándonos con la toalla?

¡Aprovecha las frutas de temporada!

Fuente: stockvault

Fuente: stockvault

Por supuesto, lo que hay que cuidar muchísimo es la hidratación de los niños. No sólo bebiendo más agua (algo que es obvio), sino también aprovechando los productos de temporada. Por ejemplo la sandía y el melón tienen mucho agua, pero además sirven para que los niños prueben alimentos que no han comido el resto del año. El verano es especialmente propicio para frutas ricas en fructosa y que, por tanto, es más fácil que resulten agradables al paladar del niño: albaricoques, melocotones, sandía, melón, piña, paraguayas… Y no sólo en trocitos, sino también en ricos zumos naturales, batidos, macedonias… Nuestra amiga de Baby Chef, por ejemplo, nos proponía hace unos días hacer estos fáciles heladitos caseros. ¿Qué frutas dáis a vuestros peques en temporada estival?

Helados ¿sí o no?

Fuente: Freeimages.com

Fuente: Freeimages.com

Los helados no deben constituir el pan de cada día, pero sí pueden resultar una forma más de hidratar a nuestros niños y a la vez aportarles una cierta cantidad de leche (si desechamos los de hielo). En el caso de pequeñines con bajo peso o poco apetito, puede ayudar a completar ese pequeño extra de leche del yogur que no se quiso tomar en la merienda o de postre. Aunque ojo con convertirlo en costumbre, pues podrían acostumbrarse y esperarlo siempre.

En mi opinión el verano es la época ideal para dejar de lado los horarios y comidas estrictos y empezar a experimentar nuevos sabores y sensaciones sin ningçun tipo de presión y estrés. El verano ha de ser divertido en todo, ¡también para comer! 🙂

¡Primer añito, yuhuuu!

Fuente: freepik.com

Fuente: freepik.com

Ya sé que es un tópico aquello de que parece que fue ayer cuando di a luz, pero es cierto, y en cambio ya estamos aquí con el añito cumplido e incluso camino de los 13 meses. ¡Yuhuuuuuu!

El paso de los meses y el verano hace que todos nos relajemos un poco, así que mucho mejor. Con el año ya cumplido, Paula puede comer casi de todo. Sin embargo, tenemos que ir paso a paso y despacito con ella. La verdad es que es un placer ir dejando atrás la época en que los vómitos eran prácticamente a diario. Conozco más casos y ya me avisó el médico de digestivo que según maduran los peques se suelen ir reduciendo bastante.

Ahora entramos en la fase de “cuando me canso, escupo”, pero cada vez menos y según el día también. Os explico que, aunque no soy partidaria de complementos artificiales, la pediatra cuando seguíamos con crisis nos recetó durante un mes unas vitaminas que fomentan el apetito. Y por probar que no quede. El caso es que a los pocos días no es que la notase más comilona, pero sí fue cuando de repente dejó de devolver. Así que ¡bendito sea! que al menos, la racioncilla que se come, queda dentro. En medio mes dejaremos el complemento y esperemos que haya aprendido a comer tranquila por sí misma.

También vamos a ir dejando progresivamente el Motilium y veremos al final del verano cómo va la evolución.

Poco a poco avanzamos y, como decía, debemos ir despacito porque los trocitos nos cuestan un poco, y esto pasa a muchos niños, que en cuanto notan una miga extraña en su boquita, para fuera todo. Pero vamos explorando con heladitos, patatitas, pan, queso… y aunque la textura sea lo complicado, ¡creo que los nuevos sabores le encantan!

Lo olvidaba: con el menú de 12 meses, además de estas probaturas, seguimos como con el de 10 meses  pero hemos introducido el huevo ya entero, el cerdo aunque esporádicamente, los yogures normales de sabores y las papillas las hemos subido a 240 ml. ¡No siempre se terminan, pero cuando se consigue, vaya papillote!  🙂

Y vosotros, ¿qué dáis a vuestros peques de un añito?

Lactancia materna y bajo percentil

Hacía tiempo que había pensado en escribir sobre lactancia materna y bajo percentil, y ahora tengo que dar las gracias de corazón al blog ‘El Alma y la lactancia al descubierto’ por ofrecerme esta oportunidad. Antes que nada, y como siempre he dicho, advierto que no soy pediatra ni especialista en maternidad, salvo toda la especialidad que me trae la vida como mamá.

Fuente: Morguefile

Fuente: Morguefile

Así que como mamá explico lo que sé del tema por mi experiencia, lo que he averiguado, etc. Son muchas las mamis con niños de bajo percentil que se han planteado alguna vez dejar la lactancia materna, agobiadas y pensando que éste era el problema del peso.

 Pues bien, os diré que hasta 2006, la tabla de percentiles de la Organización Mundial de Salud estaba basada principalmente en niños estadounidenses, y además sin atender mucho al tipo de alimentación (daba igual lactancia materna, artificial, complementaria…). Fue a partir de este año que la OMS empezó a ofrecer unas tablas adaptadas a otros niños con diferente origen étnico y adquisitivo, origen… con muestras de niños de Estados Unidos, Noruega, Brasil, Ghana, India y Omán. Y en este caso ya sí tomando la lactancia materna como norma, dado que es lo que recomiendan los pediatras de todo el mundo en inicio.

 Esto hace que las tablas ahora sean mucho más variadas y equilibradas, pero aun así, ¿no debería haber una tabla diferente para niños con lactancia materna y niños con lactancia artificial? Y además, si tenemos en cuenta los países estudiados y tenemos (como es mi caso, por ejemplo) una niña española… ¿acaso se asemeja en algo a las noruegas, que son la muestra europea? ¿O a las indias o estadounidenses? No reconozco un país con tallas similares a la nuestra que se encuentre en el estudio, así que difícilmente puedo fiarme de ese percentil… Estas son las tablas que habitualmente encontramos en las cartillas sanitarias de nuestros hijos, y las que por tanto guían a nuestros pediatras para medir el crecimiento de nuestros hijos.

No digo que no sean un baremo válido para medir, digo que quizás unas mediciones adaptadas a cada país o continente igual habrían sido más acertadas. Y separando lactancia materna y artificial, para no convertirlo en un ‘totum revolutum’ explosivo…

Fuente: freeimages

Fuente: freeimages

Y hablando de esto os preguntaréis, ¿por qué suelen engordar más los niños de biberón que los que toman leche materna? ¿Alimentará más? Bien, pues un estudio realizado en 2009 por la Comisión Europea demostraba que esto sucede con niños que toman fórmulas de alto nivel en proteínas, y que es necesario protegerlos de la obesidad eligiendo leches (aunque sean artificiales) con bajos niveles en proteínas. Esto, por ejemplo, se puede conseguir tomando leche de inicio en lugar de continuación hasta los 12 meses. O bien, vigilando que en el resto de alimentos que complementen a la leche no haya exceso proteínico. Es decir, que no es que estén mejor alimentados, sino que hay que vigilar que no tomen proteínas de más. Por suerte, en el caso que conozco que es España, las leches artificiales no suelen tener excesivas proteínas como sí sucede por ejemplo en Estados Unidos, donde hay muchos más niños propensos a la obesidad desde bien pequeños por este motivo.

Bueno, con esta explicación espero haber aclarado un poco más a aquellas madres agobiadas por pediatras que exigen la famosa “ayudita”, el “refuerzo” y comentarios similares: ahora ya sabéis que ni esas tablas nos representan del todo ni los biberones alimentan más… lo importante es: ¿tu niño está feliz, es activo, se ríe, come algo aunque sea poquito cada ciertas horas? Entonces ya sabes la respuesta: Está sano. ¡Disfrútalo!

Para vuestras dudas y curiosidades sobre lactancia materna, os recomiendo los artículos del blog ‘El Alma y la lactancia al descubierto’.

Premiar por comer, ¿sí o no?

De nuevo un tema que me aconsejáis desde la blogosfera y que preocupa o es motivo de debate para muchos progenitores, preocupados por la alimentación de sus hijos: ¿debo premiar a mi hijo?

Aunque no es plato de gusto nunca mejor dicho) para muchos padres, algunos deciden premiar a los niños cuando comen bien para tratar de fomentar esta actitud, quizás ya cansados de tratar de buscar todo tipo de soluciones. Por suerte, son muchos menos ya los que deciden castigarlos si no comen bien. Pero, a lo que vamos, ¿es o no bueno premiar a los que comen bien?

Fuente: freepik.com

Fuente: freepik.com

Para empezar, esto puede ser válido a medida que el niño crece un poco y empieza a entender que una actitud tiene un tipo de consecuencias u otras. Partamos de cero e imaginemos que el niño está merendando regular tirando a mal, y entonces se nos ocurre: “¡Si te terminas esto, después te compro la peli que vimos el otro día, la que te gustó tanto!”

 

En este caso, es posible:

 A)     que el niño, motivado, decida terminarse el plato corriendo para comprarla.

B)      O bien que piense: “¿Y para qué esperar? ¡Vamos ya a por la peli! No quiero seguir comiendo”. Y se ponga de huelga hasta que le quites el plato.

En el caso B) está claro que habremos fracasado y a otra cosa, mariposa. Pero imaginemos ahora el caso A). ¡¡Se lo come todo enseguida!! Y te dan ganas de dar brincos hasta el techo porque has dado al fin con el arca perdida, con el oro de Moscú, con El Dorado. Perfecto y ¿ahora, qué? ¿Piensas darle un premio cada vez que haya que comer? ¿Buscar algo que le “motive”? Porque en ese caso, estamos comunicando de manera inconsciente al niño que la comida es algo negativo pero que hay que pasar para conseguir algo más divertido o positivo. ¡¡Nunca verá la comida como un fin, sino como un medio para llegar a algo!! Y siempre querrá que le proporciones un fin a cambio, porque los niños son muy buenos negociantes (¿alguien opina lo contrario?).

Mi opinión es que la clave está en encontrar el fin en la propia comida, no en algo externo. Y aunque a nuestro pequeño puede que nunca le entusiasme comer, quizás haciendo de ese rato algo agradable, divertido y donde comparte conversación y aprendizaje con sus padres, no le disgusta tanto.

Ya sé que es muy fácil por mi parte hablar de esto, más aún cuando mi peque aún no está en edad de “negociar”. ¿Quién me dice que de esta agua no beberé, al menos alguna vez? Solamente analizo lo que pienso y espero también vuestras opiniones. Aquí tenéis, además de algunos consejos generales, lo que piensa la Asociación Española de Pedriatría de Atención Primaria al respecto.

También os dejo la opinión del pediatra Carlos González, que conocéis muchos como autor del libro “Mi niño no me come” en una pregunta que le hicieron sobre este tema.

Y de un lado más internacional, las recomendaciones de la Sociedad Peruana de Pediatría.

Y ahora lo importante, ¿cuál es vuestra experiencia con los premios y qué opináis de esto? 😉