Archivos Mensuales: febrero 2015

La globalización en los dibujos infantiles

Más allá de que llevemos a nuestros pequeños a un colegio bilingüe o les hablemos en otro idioma, los niños de hoy ya están abiertos a la distinta fonética, entonación e idiomática de gran parte de la Torre de Babel. La globalización ha llegado a los niños, y en gran parte gracias a su manejo (a veces realmente increíble) de las tablets. Basta con entrar en Youtube y ponerles un vídeo infantil (por ejemplo, Peppa pig en español), para que ellos vayan pasando de uno a otro referido y, de repente, te encuentres viendo estas posibilidades:

  • Una muy común, Peppa Pig en inglés:

  • Y de ahí, pasas a otros dibujos en inglés, como los Mother Goose Club:

  • O, directamente, pasamos a Peppa Pig en portugués o italiano:

  • O bien puede que Peppa Pig te refiera a dibujos con otros animales, como Las Canciones de la Granja, procedentes del otro lado del charco:

  • Y de ahí, pasas a otras animaciones infantiles de América Latina como La Gallina Pintadita:

  • Pero me dejo lo mejor para el final. ¿Y si acabas (ya no sabes cómo) viendo de repente vídeos infantiles en télugu, segundo idioma oficial de la India? Y lo mejor es que son preciosos y de ritmo pegadizo. ¿Cómo te quedas?

Por cierto, que para los padres más reacios a esto de Internet y los niños, Youtube acaba de anunciar Youtube Kids, que se lanza justo hoy en Estados Unidos.

Y ahora contadme, ¿algún dibujo exótico que compartir o que os sorprendiera encontrar?

Mi hijo está bajo los percentiles, ¿qué sucede?

Pequeño vaquero con ganas de crecer. Foto: freeimages.com

Pequeño vaquero con ganas de crecer. Foto: freeimages.com

Muchos de los padres preocupados por el peso de su hijo tienen a su pequeño en la parte baja de la  tabla de percentiles. Los pediatras insisten en que tan normal es un percentil 3 como un 80, siempre y cuando haya una evolución constante en el tiempo. Pero ¿y qué sucede si mi pequeño está POR DEBAJO DEL PERCENTIL 3? Cada vez me encuentro con más padres y madres que llegan a este blog a través de este tipo de consultas y por ello me veo obligada a contestarles.

Incluso los especialistas más tranquilizadores, como Carlos González, hablan de normalidad en los casos de percentil 3, pero no se pronuncian (o no quieren mojarse) al respecto en los casos que hay por debajo. ¿No está sano un niño por debajo de percentil 3? Mi opinión es que puede que sí o que no.

Habría que tener en cuenta, ¿hemos descartado todo tipo de alergias, intolerancias o problemas gastrointestinales? ¿Hay algún otro tipo de enfermedad o tratamiento que pudiera tener influencia en su peso? Y algo muy importante, que tendrá en cuenta su pediatra: ¿el pequeño ha llegado debajo de la tabla en algún bajón o momento puntual o, por el contrario, siempre estuvo en valores bajitos similares, y su progresión, aunque lenta, es ascendente?

En el caso de un bajón brusco, el especialista deberá evaluar los motivos y si hubiera algún factor externo o patología que pudiera haber influido. Si, por el contrario, el niño siempre tuvo valores de peso bajitos pero va creciendo en peso siguiendo una línea ascendente y constante, puede que esté perfectamente sano. Eso sí, en estos casos, los pediatras normalmente preferirán chequeos algo más frecuentes para vigilar que, efectivamente, su línea sigue ascendiendo correctamente y sigue una evolución normal. En esa situación nos encontramos nosotros, por ejemplo. La niña está sana, solamente que va con más frecuencia a revisiones “por si acaso”. Y, según el pequeño va creciendo, y si lo hace correctamente (y la estatura también crece en los cauces normales), cada vez se irán espaciando estas consultas. Para haceros a una idea, con año y medio Paula ya va a revisiones cada 4 meses aproximadamente. Y calculo que para abril cuando volvamos, ya no nos cite su doctora hasta después del verano, siempre y cuando todo vaya bien.

Si es vuestro caso, no debe angustiaros ni mucho menos. De hecho, los bebés en percentil 97 (donde limita la tabla por arriba), también deben acudir a consultas algo más frecuentes precisamente para vigilar el caso contrario: si exceden mucho en su peso pueden hacerse más propensos a la obesidad o diabetes. Y, posiblemente, muchos de estos bebés de percentil 97 (o incluso 100) sean también perfectamente sanos, sólo que hay que seguir su peso con mayor exhaustividad.

¿Ha estado vuestro pequeño alguna vez bajo percentiles? ¿Conocéis algún caso?

La historia de… Ignacio

Un muñeco que simula el tamaño de un feto a las 12 semanas. Y simboliza la fragilidad y cariño con que ve Carla a su pequeño. / Fuente:  freepik.com

Un muñeco que simula el tamaño de un feto a las 12 semanas. Y simboliza la fragilidad y cariño con que ve Carla a su pequeño. / Fuente: freepik.com

Hoy se asoma por el blog Carla desde Ecuador. Está embarazada de 30 semanas y tiene una gran preocupación por su pequeño, Ignacio. Como ella se expresa perfectamente bien, directamente os transcribo su testimonio y os pido que la ayudéis con consejos, especialmente si conocéis algún caso de hiperémesis gravídica que le sirva un poco de guía. Ahí va la historia de Ignacio, contada por su mamá Carla:

Hola… escribía para contar mi historia, por la pura necesidad de poner en orden todo lo que tengo en la cabeza.

En febrero del 2009 quedé embarazada. Lastimosamente se perdió el embarazo de manera involuntaria a las 9 semanas. No me hicieron mayores exámenes ni le dieron importancia porque estaba “muy joven” y no había de qué preocuparse. Tenía 27 años.

En julio del 2010 volví a quedar embarazada. Mi pequeña nació en marzo del 2011. Por una cesárea de emergencia a las 38+2 semanas. Por preeclampsia. Pesó 2735 gmrs. y midió 48 cm. El peso justo para que no se quedara ingresada. Estuvo 8 horas en cuidados intensivos porque se presentó sufrimiento fetal antes de la cesárea.

El embarazo fue un total tormento. Padecí hiperemésis gravídica desde la semana 3 hasta la semana 20. Me ingresaron 4 veces por varios días al hospital. Me pusieron un sinfín de tratamientos, sueros, suplementos, etc. Bajé 7 kilos esos 4 meses. Nunca superé la condición hasta que mi hija nació. Digo que duró hasta la semana 20, porque en esa semana dejé de vomitar varias veces al día para hacerlo una sola vez, o al subirme a un carro o algo así.

A partir de esa semana los médicos “se relajaron” y no hicieron mayores controles (uno al mes). Yo no soy muy alta, mido 1.56 metros. Y tenía una panza bastante pequeña, pero a nadie le llamaba la atención porque era primeriza, porque era niña, etc., etc. Como mi hija nació con el peso justo y se me controló la presión inmediatamente, tampoco le dieron importancia al asunto. Mi nena está por cumplir 4 años y está en percentil 31. Todo bien.

Les cuento todos estos antecedentes, porque resulta que ahora tienen mucho que ver con lo que estoy pasando… y no sé por qué nadie nunca le dio importancia.

En junio del 2014 me quedé embarazada de nuevo. Felicidad total. El hermanito que queríamos. Otro bebé en casa. Este embarazo no tenía por qué ser como el anterior… qué piedrazo que me he pegado.

Desde la semana 4, la hiperemésis gravídica volvió a hacer su aparición. Como ya sabía por dónde iba la cosa, empecé con la dieta fraccionada, casi sin líquidos, sin grasa, etc. etc. Inevitablemente ingresé 5 días al hospital por deshidratación extrema. Y de ahí hasta la semana 20, miles de metoclopramidas, ranitidinas y demás… ingresé 4 veces más a emergencias por la misma causa y terminaron recetándome ondsetrón, un medicamento que se usa para controlar los vómitos de los pacientes con quimioterapia. Bajé 5 kilos.

Hasta la semana 20 el bebé iba perfecto. Un varón. Percentil 53. Esta vez los síntomas de la hiperémesis cedieron mucho más, por lo que empecé a comer normalmente. Hasta con ganas.

En la semana 21 me realizan el eco morfológico. Y detectan que tengo resistencia en las dos arterias uterinas. Lo que en castellano significa que las arterias que alimentan al útero no funcionan bien y no le llegan suficiente oxígeno ni nutrientes al bebé. Saltan todas las alarmas de los médicos. Algo ya no está tan bien. Exámenes completos de sangre y orina. Control de proteína en la orina. Temen que se presente una preeclampsia grave. El bebé en percentil 49.

Me recetan una aspirina infantil diaria. Una tableta de calcio diaria. Controles diarios de presión dos veces al día y registro de las mismas. Y que se repita el eco morfológico en la semana 25.

Todo ese mes sigo trabajando. Tomándolo todo con el mejor ánimo, porque las lecturas de la presión no superan 120/85. LLega el eco de la semana 25. La resistencia de las arterias ha aumentado. En las dos. El bebé en percentil 33. Ya la cosa es más grave. Me dan el paso a la unidad de alto riesgo del embarazo del hospital público de mi ciudad, ya que las clínicas privadas se niegan a atenderme, pues en caso de un parto muy prematuro no tienen la capacidad de atender a mi bebé.

La cita con Alto Riesgo me la dan para la semana 29, y eso después de mil trámites porque ingresar al Hospital Público no es nada fácil. Otro mes intentando llevar la actitud positiva, me intento convencer que no hay de qué preocuparse, en el Hospital Público el nacimiento es viable desde la semana 28 y con 900 gramos, que no va a pasar nada. La presión sigue controlada así que nada de preeclampsia. La verdad es que en el fondo los nervios ya me juegan malas pasadas y ando super sensible. Mi marido es mi gran apoyo, que me calma y me regresa a la tierra para que no me ponga a pensar en “pajaritos”.

Al fin la cita con Alto Riesgo. Primero un eco morfológico completo. El bebé está en percentil 3!!… tiene crecimiento uterino asimétrico. Las medidas de la cabeza y el fémur están una semana menos de lo que deberían estar, pero el abdomen se encuentra 6 semanas menos. La resistencia de las arterias ha aumentado más, y es obvio que no le llega todo lo que necesita. Parece ser que desde la semana 20 ya no creció como debería ser.

El médico me indica que con el peso que tiene (970 grms) y al ser un feto masculino, no es viable provocar el parto. Las probabilidades son mínimas. El bebé adentro mío está en un ambiente hostil. Pero su pronóstico afuera es igual de terrible. Me manda hacer yoga, caminar en lugares con aire puro y respirando profundamente. Una dieta hiperproteínica. Suplementos de proteínas (los que usan los físicoculturistas) tres veces al día. Carne, huevos, leche… todo lo que pueda comer… y más. Seguimos con la aspirina y el calcio y los controles de presión. Y nos vemos en quince días más, en la semana 31. Si no ha aumentado de peso, me ingresarían madurarle los pulmones con corticoides y 48 horas después una cesárea y el bebé a una incubadora con un pronóstico que nadie sabe decirme.

Y hasta aquí estoy. Mañana son 30 semanas. Llevo una semana con la dieta recetada. Lo cual me tiene empachada. Y he subido apenas 300 gramos en toda la semana. Quiero creer que está funcionando y que el bebé está creciendo.

El estado zen ya no es posible. Me esfuerzo por estar tranquila y calmada. Y pensar que todo va a salir bien… pero son sólo buenas intenciones. Siento la carga de que depende solo de mí el que el bebé crezca y pueda nacer con posibilidades. El que cualquiera me diga qué suerte que no tengo mucha panza, que después no noy a preocuparme por bajar de peso, me hace, literalmente enloquecer. Tengo que irme para que no me corran las lágrimas.

Pregunté a los especialistas de Alto Riesgo las razones por las que pasa esto, y lo que supieron explicar es que es un tema mayormente genético, que mi cuerpo es bastante intolerante a las hormonas del embarazo y que mi sistema inmunológico se resiste a asumir que estoy embarazada. Que por eso las arterias uterinas no se desarrollaron como deberían, que por eso la hiperemésis gravídica, que por eso debo de haber tenido más de una pérdida de embarazos en las primeras semanas, que por eso la presión alta. Que con todos esos antecedentes debí haber empezado con una dieta hiperproteica desde el inicio del embarazo, pero que ese seguimiento sólo se hace en Alto Riesgo, y que por separado mis embarazos no tenían criterios para el pase a esta unidad… hasta ahora, cuando ya la cosa tiene un futuro tan prometedor. ¡Es tan absurdo!

Estoy viviendo un día a la vez. Esperando que alcance al menos a la semana 34. Haciendo al pie de la letra todo lo que el médico indica. Solo quiero que el bebé nazca sano.

Carla, vaya un testimonio más cargado de sentimiento. Realmente entiendo tu preocupación y me gustaría que desecharas esa idea de que “sólo depende de ti” que el bebé crezca sano. Realmente, tú estás siguiendo todas las recomendaciones médicas y espero que todo vaya genial. Esperamos ahora los comentarios de quien tenga más conocimientos de hiperémesis gravídica o conozca algún caso que pueda contarte. ¡Gracias!

Si tenéis también un testimonio o queréis contar vuestra historia, podéis escribirme a bajopercentil@outlook.es.

La historia de… la pequeña terremoto

Una mamá y una nena como yo imagino a Laia y su terremoto allá en Chile. / Foto: freeimages

Una mamá y una nena como yo imagino a Laia y su terremoto allá en Chile. / Foto: freeimages

Hoy se asoma por nuestro blog una mamá de dos niñas con una proyección muy diferente. Y como ella se presenta sola perfectamente, aquí os dejo su testimonio en una nueva entrevista de este apartado.

Hola! Soy Laia, catalana residente en chile desde hace 8 años y quien se esconde detrás del blog ‘Así piensa una mamá’, donde cuento mi experiencia de ser mamá de mi terremoto mayor y de la enana terremoto, tan lejos de mi casa. 

Dices que tu niña nació con peso más bien alto, pero después se estancó. Cuéntanos cómo fue aquello y los detalles del peso.
Mi terremoto mayor nació de 40 semanas y un día, con 3,850kg de peso, y 52cm. Percentil 85. A los dos meses pesaba solamente 4,6kg, lo que la desplazaba al percentil 15, y a los 5 meses pesaba 5,6kg, lo que la ponía en el percentil 3. Con 10 meses pesaba 7kg, lo que seguía dejándola justo por debajo del percentil 15. Y así siguió hasta el año y medio, donde repuntó un poco. Y esto si miras la tabla peso/edad. Si nos ponemos con la de edad/longitud, nunca se despegó del percentil 3.
Ahora tiene 4 años, pesa 17kg y está alrededor entre el percentil 15 y 50, según si miras la tabla peso/edad o peso/longitud, pues es muy alta para su edad. Y ya nadie se preocupa. Ella come, es alta y delgada. Ahora eso está bien visto, pero de bebé no fue así.
Creo que cada bebé tiene sus ritmos, y deberíamos respetarlos. Cada niños tiene su propia curva de crecimiento, no olvidemos que las tablas son solo promedios.

 ¿Te sentiste apoyada por tu pediatra o te sugirió la famosa “ayudita”?
Por supuesto, salí de la clínica con la receta de la leche artificial que debía darle. El pediatra que me tocó en neonatología le echó la culpa a la lactancia desde el primer día. Insistió en darle biberones. Le di uno, y lo vomitó. Cuando nos fuimos a Barcelona a pasar la baja maternal, ella incluso repuntó, y un pediatra la pesó antes y después de tomar pecho. Ella subía 300gr justo después de la toma, pero con un metabolismo ultra rápido y lo inquieta que es desde recién nacida, sólo parte de esos 300gr se quedaba. Ella no perdía peso, pero tampoco ganaba como dicen las tablas. Así que seguimos con la lactancia.
La prueba fue que, aun iniciando la alimentación complementaria con 5 meses, ella no mejoró en la subida de peso; al contrario, se estancó aún más. Por eso, hasta el año, no dejé la lactancia.

¿Cómo evaluó el pediatra este estancamiento? ¿Le realizasteis alguna prueba de intolerancia?
Cambié de pediatra, pues el neonatólogo no fue ningún aporte positivo. Su “receta” de tomas limitadas en tiempo, separadas cada 4 horas y si no, biberón, no me pareció más que una salida fácil. Asi que busqué otros y al final la atendieron otros dos pediatras durante el primer año. Una pediatra de medicina natural y uno de medicina tradicional. Ambos apoyaron la teoría que, mientras ella no perdiera peso, podíamos estar tranquilos. Sí introdujimos la alimentación complementaria antes de tiempo, pero eso no hizo más que reafirmar que no era problema de la lactancia.
No le hicimos pruebas de intolerancia, pues no vomitaba la leche excepto cuando le dimos el biberón. Sí le hicimos una prueba de reflujo y, con 10 meses, unos análisis para descartar problemas inmunológicos. Al final resultó que es una niña sana, que con 4 años (y espero que siga siendo así) no ha tenido más que algunos resfriados y un rotavirus justo cuando dejamos la lactancia materna.

¿Qué tal come tu pequeña ahora mismo y cuál es su situación actual?
Ella come mucho o poco, según el día y donde esté. En casa, pudiendo elegir lo que come, a veces come cantidades que me asustan. Fuera de casa y como hay muchos alimentos que prefiere no comer, es más un pajarito. Pero si fuera por ella, pasaría el dia comiendo: ahora desayuno, ahora quiero galletas, ahora como, ¿cuando viene la merienda? y después a cenar. Eso sí, todo en movimiento, que no se está quieta ni un segundo.
En cuanto a percentiles, en peso está algo por abajo del percentil 50, y en talla está rondando el 85. Aún no cumple 5 años y pesa casi 17kg y mide 115cm.

Tienes otra hija. ¿Con ella fue diferente? Cuéntanos
Sí. Dicen que cada niño es un mundo. Pues así mismo. Mi pequeña nació en el peso y talla promedio: 3,5kg, 50cm. A los tres meses, y exclusivamente con lactancia materna, pesaba algo más de 6kg y rozaba el percentil 85. Y a los pediatras eso tampoco les gusta.
Cuando empezó con la alimentación complementaria (esta vez pasados los seis meses) empezó con intolerancias claras, y volvimos a la lactancia materna. Con 9 meses volvimos a intentar la alimentación complementaria, al menos una vez al día y teniendo mucho ojo con las reacciones. Y ahí se estancó. Y sorpresa sorpresa, ¿quién era el culpable? ¡La lactancia materna!
Yo no hice caso, tenía claro que su problema eran esas intolerancias y que, precisamente, ahora la lactancia compartía alimentación con los purés. A pesar de los problemas que tenemos con ella para que coma por su rechazo a casi todos los alimentos, tiene otro metabolismo, así que sigue por encima del percentil 50. Ella tuvo lactancia materna hasta las 18 meses…después de eso podría decir que ha perdido peso incluso.

¿Crees que el bajo percentil es un tema tabú? ¿Te has encontrado con críticas o feos comentarios de terceros a tu maternidad por este tema?
El bajo percentil es un tema, sobre todo cuando alimentas con lactancia materna. No todo es culpa de la leche. Yo me encontré con poco apoyo, mucha mirada de “no tienes idea lo que haces” o “dale un biberón y así sabes lo que come”. Al final, me quedo con la frase de mi pediatra: “si no pierde peso, quedémonos tranquilos”
Ella no tenía otros síntomas, por lo que apoyo, confianza y paciencia es todo lo que yo necesitaba.

¿Qué consejo les das a las mamás de niños con bajo percentil?
Que confíen en sí mismas. Como decía arriba, la lactancia no es responsable de todo, pero tampoco hay que desoír a todos los médicos. Si el bebé baja y baja de peso, hay que preocuparse, pero si sencillamente se sitúa en una curva de bajo percentil y sube, a su ritmo, lo más importante es la tranquilidad de mamá y bebé. El estrés no ayuda en nada, y se transmite. Confianza, mucha confianza.
 
Por último, si te apetece hacernos alguna sugerencia al blog o cualquier otra aportación que te apetezca…
El blog está genial como está. Es una gran idea poder compartir las experiencias para hacer más facil a otras mamás sentirse tranquilas.
Muchas gracias a Laia por su testimonio y el de su pequeña terremoto. Podéis comentarle o preguntarle lo que queráis y si queréis mandar vuestra propia historia, escribidme a bajopercentil@outlook.es.